LA RESISTENCIA MARXISTA: votar a SUMAR, la candidatura de izquierdas que más derechos garantiza para la clase trabajadora


[Esta declaración fue escrita por los compañeros malagueños de La Resistencia Marxista una semana antes de las últimas elecciones generales de julio de 2023]

Las y los compañeros que formamos parte de la corriente “La Resistencia Marxista” estamos participando en la campaña de SUMAR y pedimos el voto para sus candidaturas, las candidaturas de la izquierda que más derechos garantizan para la clase trabajadora en el conjunto del estado español. 

Los trabajadores más conscientes asistimos muy preocupados a la situación actual donde PP y Vox tienen al alcance de la mano el llegar al poder del gobierno central. Si ello fuera así, en muchas ciudades y comunidades autónomas del estado español la derecha-ultraderecha tendría en sus manos un verdadero Repóker del conjunto del poder político de las instituciones locales, regionales y, en este caso, la estatal. La posible merma de derechos sociales y democráticos que se abriría ante nosotros podría ser enorme. Lógicamente, hay que poner todos los medios para que esto no ocurra. 

 ¿Cómo hemos podido llegar a esta situación? 

Desde el gobierno central se esgrime la idea de que ha habido un conjunto de circunstancias muy desfavorables que han golpeado la acción de gobierno de la izquierda: la crisis de la covid, la guerra de Ucrania, o la explosión inflacionaria mundial. Eso es cierto. Pero no lo es menos que en dichas coyunturas, ante situaciones excepcionales que muestran descarnadamente cómo actúan los grandes poderes políticos y económicos bajo el capitalismo, es cuando la izquierda alternativa a la socialdemocracia tradicional puede hacer valer sus políticas alternativas, que son diferentes, frente a partidos cuyas direcciones políticas mantienen en última instancia el status quo del sistema.

Los marxistas de la Resistencia, que hemos militado en IU, Podemos o Adelante Andalucía, y que ahora apoyamos las candidaturas de SUMAR, queremos recordar la asamblea de militantes de Unidos Podemos, en enero de 2020, donde máximos dirigentes de IU y Podemos vinieron a Málaga a defender la entrada al cogobierno con el PSOE. Compañeros que hoy estamos en La Resistencia explicamos allí entonces (cuando ni nosotros ni nadie esperaba una pandemia como la de la covid) que en el próximo futuro habría una crisis económica que gestionar, y las herramientas políticas y económicas del PSOE no son ni podían ser las mismas que las de la izquierda alternativa.

También recordamos allí la lamentable experiencia del cogobierno de la Junta de 2012-15 entre IU y PSOE, que alumbró el nacimiento de Podemos y que terminó de la manera más lamentable cuando la dirección del PSOE echó a IU del cogobierno cuando a ellos le interesaron. Frente a la idea de que Unidos Podemos debía entrar a cogobernar con el PSOE para garantizar un giro a la izquierda, recordamos entonces también que la subida mayor del SMI la realizó el gobierno en solitario de Pedro Sánchez, en diciembre de 2018.

Los hechos son, haciendo balance, que la ley más señera que ha aprobado el ministerio de Irene Montero, la ley del sólo sí es sí, fue enmendada por el PSOE con el apoyo del PP a los ojos de todo el mundo. Evidentemente “no a los ojos de todo el mundo”, sino en múltiples reuniones, muchas de las medidas aprobadas por los ministros de Podemos e IU fueron descafeinadas o recortadas de diferentes maneras. Como fue recortado y descafeinado el pacto de gobierno de diciembre de 2019. Como fue a su vez recortado y descafeinado el programa de gobierno de Unidos Podemos para conseguir la entrada al cogobierno con el PSOE.

Podíamos haber votado a favor de la investidura del gobierno Sánchez y, desde la oposición, haber tenido plena independencia política para condicionar sus políticas con nuestro voto, como han hecho BNG o BILDU, a los que parece que electoralmente no les va a ir mal. Y no les va a ir mal porque, coherentemente, no han tenido que renunciar a nada fundamental de su programa ni de su acción política. En sus regiones favorecieron protestas o movilizaciones sociales y sindicales de diferente tipo, retomando gran parte de la influencia electoral y social que en su día Podemos les rebañó.

Los hechos son que en las elecciones municipales pasadas en el País Vasco, Navarra o Galicia, la izquierda allí mantuvo votos, o los acrecentó. ¿Qué consecuencias negativas ha tenido todo esto para los partidos que hoy componen SUMAR, así como para el propio movimiento en curso? Muchas. Programáticamente muchas de las ideas que defendíamos en noviembre de 2019 han pasado a la historia. Con orgullo podíamos sostener que éramos los genuinos y coherentes mantenedores de todo el movimiento de protesta de lo mejor de la sociedad española (incluyendo al electorado del PSOE) que se movilizó por millones en 2011-15 contra la reforma de las pensiones del PP, la reforma laboral del PP, la ley Mordaza…

“Desmontar la herencia del PP” era la mejor reivindicación de las candidaturas de Unidos Podemos hace 4 años. Hoy esa idea ha pasado a la historia. Eso tiene un efecto. El que nuestros ministros y representantes asuman hoy TODA la política del cogobierno con el PSOE, en vez de mantener una sana y necesaria crítica a una política que mayormente ha sido dictada por el PSOE lleva a un sector del electorado a ver dos candidaturas cuyo programa y acción de gobierno parecen converger en un mismo modo de actuar. Y esto no debe ser así.

La covid y la guerra

La crisis de la covid dejó en claro para todo el mundo, mejor que mil discursos, el gigantesco poder que tienen las multinacionales, en este caso farmacéuticas, que fueron capaces de doblarles el brazo a gobiernos enteros.

Enfrentados a un cierre de la economía casi total, la acción decidida del Estado y todas las administraciones públicas para defender los derechos e intereses de la inmensa mayoría de la sociedad debía haber sido MUCHO MÁS resolutiva y contundente, para haber puesto coto a los mezquinos intereses de los empresarios.

Sí, el mecanismo de los ERTE (en el que una parte de los salarios de los trabajadores pasaron a ser pagados por el Estado, sin compensación futura ninguna de los empresarios, cosa que no se suele escuchar recordar ahora, desgraciadamente, por parte de la izquierda) fue fundamental para evitar el despido de muchos asalariados. Y las gigantescas ayudas a los empresarios (la mayoría de ellas a fondo perdido) también. Y el endeudamiento gigantesco del Estado para dar toda clase de ayudas excepcionales, como en la mayor parte de los países industrializados (todo hay que decirlo, fueran del signo político que fueran), para evitar un estallido social.

Esa crisis era la piedra de toque que debía haber esgrimido la izquierda alternativa para exigir impuestos y medidas excepcionales con las cuales financiar los servicios sociales y evitar los abusos en la economía por parte de los oligopolios. Incluso una parte del electorado de la derecha se hubiera quedado sin argumentos.

Desgraciadamente, a pesar de las ayudas, la crisis de la covid golpeó a todos los efectos mucho más cruelmente a los barrios y familias trabajadoras. Tenemos que tener extremo cuidado en ir bajo un “frente unido” con el PSOE en política exterior. La guerra de Ucrania lleva a los partidos nacionalistas de derechas en todo el mundo a exigir un incremento brutal del gasto militar, gasto que va a ser a costa de las partidas sociales, cosa que no denunciamos lo suficiente.

Asistimos a nivel mundial a una guerra fría entre los capitalismos chino y de EEUU por el dominio del planeta. Unos y otros hacen CUALQUIER COSA para afirmar su poder y sus intereses, ninguno de los cuales es el nuestro, el de los trabajadores y trabajadoras más conscientes de todo el orbe. Esta guerra fría, con guerras comerciales y de aranceles, se vuelve caliente en determinadas partes del globo, convirtiéndose en una guerra interpuesta donde unos y otros enfrentan a sus peones para dominar cada parte del globo, cada materia prima esencial…

¡Esta situación va a continuar en el futuro en una carrera armamentística que no va a tener fin! No podemos criticar esta situación con la boca pequeña.

La inflación y la vivienda

Igualmente, la crisis inflacionaria de los dos últimos años ha golpeado sin contemplaciones a la clase trabajadora. Los dirigentes de IU y Podemos debían de haber sido mucho más contundentes a la hora de defender la nacionalización del sector eléctrico. El autoconsumo se lo puede permitir quien tiene una casa. En los barrios obreros, en las torres donde se concentra nuestra clase, la mejora y eficiencia energética de los bloques de viviendas junto con la instalación de paneles solares, o se lleva a cabo con la ayuda del Estado, o no se puede hacer.

Frente a las nuevas formas de energía y los campos de placas solares que se están diseminando por todo el territorio sin control, es el Estado quien debe garantizar una planificación y ordenación de los nuevos sistemas de generación eléctrica en beneficio de la inmensa mayoría de la sociedad.

Los asalariados, tal como denunció UGT, perdieron en 2022 más de un 5% de poder adquisitivo de media, situación que continúa a día de hoy para los estratos más bajos económicamente (y mayoritarios) de la clase trabajadora: el consumo del aceite de oliva cayó un 20% en el último año, el precio del azúcar más que se duplicó, y así podemos seguir…

La inflación no es una plaga egipcia traída por algún dios para proteger a su pueblo, tampoco tiene que ver con el cambio climático. Deben ser explicadas sus consecuencias de forma más sencilla. Para cada clase social se concreta de una manera. Así, el Banco de España expuso hace pocos meses cómo el beneficio neto de las empresas no financieras creció un 91,3% en 2022 frente a los datos de 2021 (donde sus beneficios ya crecieron un 32,1% respecto a 2020). Un récord en toda la serie histórica , como explica el Banco de los banqueros españoles ¿De verdad que el gobierno no podía haber impuesto una ley sobre una parte importante del beneficio exorbitante y extraordinario de los grandes empresarios que sirviera para sufragar grandes programas de asistencia social?

Insistimos, las grandes crisis (como pasó en 2011-15) pueden servir para que la izquierda alternativa se diferencia claramente de la socialdemocracia tradicional y multiplique su base de apoyo con alternativas claras, concretas y contundentes. La estadística oficial (y de la dirección de UGT), basada en la inflación oficial, no toma en consideración el crecimiento extremo del gasto de la vivienda (la vivienda no computa para determinar el IPC), que no tiene visos de decaer: en una provincia como Málaga los alquileres subieron en 2022 un 20%.

Centenares de miles de familias han visto acrecentar en un solo año por varios centenares de euros la cantidad mensual que pagan de hipoteca ante la subida del euríbor, que va a continuar. Una pareja, con los salarios que hoy cobran mayoritariamente los jóvenes, no pueden irse a vivir juntos. Pero esta es una situación que afecta a jóvenes… ¡y a menos jóvenes! Se están dando en este sentido situaciones dramáticas que vemos en nuestros barrios y que no podemos obviar ni esconder.

Antes de las elecciones extraordinarias de la Comunidad de Madrid en 2021, el entonces candidato de Podemos Pablo Iglesias clamó por una ley de vivienda que hiciera bajar los precios. Pedro Sánchez dijo no. Dos años después se ha aprobado una ley al respecto, pero esta ley limita tan solo el crecimiento futuro de los precios ¡No se plantea hacerlos bajar! En el debate con Feijóo, Pedro Sánchez “se quejó” de que solo el 2% de viviendas construidas en el último año son públicas. Feijóo solo tuvo que decir que la izquierda lleva gobernando 5 años...

Efectivamente, fue un recordatorio vergonzoso sobre la desastrosa gestión de la política de vivienda del PSOE, no de los últimos 5 años sino de la mayor parte de los últimos 40 años, donde la dirección socialdemócrata del PSOE se sometió a las leyes de la propiedad. Hoy estamos donde estamos.

Hay que emplear todos los recursos del Estado para hacer bajar los precios hasta que el coste de los alquileres e hipotecas no supongan más de un tercio de nuestros menguados salarios. El ejemplo de la vivienda es un ejemplo palmario de cómo el Estado debe intervenir sin contemplaciones en la economía para defender los derechos de la clase trabajadora y sectores más humildes de la sociedad, que somos la inmensa mayoría.

Hay que recordar que históricamente el estado del bienestar se pudo construir tras la Segunda Guerra Mundial con impuestos mucho más altos que hoy sobre las rentas altas y sobre sus patrimonios. Los socialdemócratas del PSOE se niegan a subir los impuestos de manara radical ante el chantaje de las grandes empresas, como demuestra el caso de Ferrovial, que trasladan sus activos e inversiones a otros países. Pero si te sometes a ese chantaje no vas a contar con recursos suficientes para cambiar la vida de la clase trabajadora.

Hace falta una auténtica política socialista, no la que defiende la dirección del PSOE. Si los ricos y empresas congelan inversiones y evaden impuestos hay que expropiarles. El Estado ha dedicado en los últimos 40 años decenas de miles de millones de euros de ayudas directas a la banca, eléctricas y constructoras una y otra vez ¡Ellos tienen que pagar ahora la factura! 

¿Qué perspectivas hay?

En las elecciones al Congreso de 2016 la participación fue del 69,83% del electorado. La subida del SMI más importante de las últimas décadas, llevada a cabo en diciembre de 2018 por el gobierno PSOE de Pedro Sánchez, posibilitó que el PSOE subiera 8 puntos, pasando a cosechar el 28,67% de los votos en las elecciones de abril de 2019, donde la participación remontó hasta el 75,75%, 6 puntos más de participación que las anteriores. Nuestra clase, con ganancias sociales concretas y la expectativa de desmontar toda la herencia del PP, cerró filas entonces con las candidaturas de la izquierda. La derecha perdió unas elecciones que meses antes creía ganadas de calle.

Posteriormente, con la negativa de Pedro Sánchez a cogobernar con UP, la participación cayó en pocos meses hasta el 69,87% de las elecciones de noviembre de 2019, con una caída también de la izquierda provocada por la desilusión ante unas expectativas de cambio que se vieron frustradas. A pesar de ello, la derecha no ganó las elecciones.

Hoy, una semana antes de las elecciones, las perspectivas de las distintas encuestas indican que la abstención va a ser alta, afectando a millones de trabajadores que votaron ilusionados en abril de 2019. Sánchez se ha negado en los últimos meses con su tibia ley de vivienda y con su negativa a subir el ya mermado SMI por la subida inflacionaria, a tomar medidas que afecten nítidamente el bolsillo de los grandes empresarios y/o tenedores de viviendas. He aquí la causa que abre a la derecha la posibilidad de tomar el poder.

Al mismo tiempo, la derecha-ultraderecha al unísono llevan años potenciando los prejuicios racistas más bajos, con falsa información, planteando la idea de que “los inmigrantes quitan las ayudas a los españoles”. Este tipo de ideas reaccionarias sólo se pueden combatir con una alternativa de clase ¿Quién se beneficia de la recuperación económica? ¿No son los empresarios quienes defraudan a Hacienda y tienen caja A, B, C y D? ¿No son más de cinco millones de trabajadores nacidos en el extranjero quienes cotizan en sus nóminas (los que tenemos nómina no podemos defraudar a Hacienda) manteniendo los servicios públicos? Hay dinero, de sobra, lo que pasa es que los ricos no pagan lo suficiente. La extensión de este tipo de ideas retrógradas en nuestros barrios lo que demuestra es que después de 5 años de gobierno de la izquierda se sigue luchando por “el reparto de la miseria”, y el discurso reaccionario cala en ese contexto.

La compañera Yolanda Díaz y la dirección de SUMAR deben dar un golpe de timón contundente a la campaña muy gris que se está haciendo, con pocas consignas claras que definan que vaya a haber un cambio fundamental en las condiciones de vida de nuestra gente.

Debemos diferenciarnos nítidamente del PSOE, siendo muy críticos con la acción de gobierno realizada. Nuestro electorado fundamental es la clase trabajadora más humilde, la mayoría del 85% que componemos los asalariados en la sociedad. Debemos saber expresar con convicción lo que es una necesidad: si la izquierda no llega al gobierno para cambiar nítida y claramente las condiciones de vida de la mayoría trabajadora de este país frustrará a sectores amplios de la misma. Todavía estamos a tiempo de imposibilitar el gobierno de la derecha.

Acaben como acaben las elecciones, es importante construir una organización después de las mismas que luche por aglutinar todo el apoyo a la izquierda del PSOE. Y es fundamental recordar que la izquierda es plural. Se debe acabar con la tradición de que la mayoría aparta totalmente a la minoría. Si no se respetan a todas las tendencias, corrientes y partidos jamás se logrará el propósito de que nuestra idea de transformar la sociedad a favor de la clase trabajadora se lleve a cabo. Los marxistas de La Resistencia vamos a seguir colaborando con todas nuestras fuerzas con esta campaña, defendiendo en la práctica las actuales conquistas sociales. Pedimos el voto y la máxima colaboración y participación en la organización de las candidaturas de SUMAR como forma de empujar al máximo posible hacia los mayores derechos para nuestra clase.  

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